Cerrado

Había pensado dejaros algunos posts programados, que esto se fuese actualizando durante mi ausencia. Pero mejor no. Si yo me voy de vacaciones, que el blog lo esté también. Si yo me desintoxico de todo, que vosotros os desintoxiquéis de mí. Calculo que, probablemente, hasta el 14 ó 15 de julio no volveréis a tener noticias mías. Si queréis que os traiga algo de Italia, me lo tendréis que decir a través del móvil, que es el único modo del que estoy localizable (y no prometo nada). Inicio un breve proceso de reciclaje y no pienso leer ni La Rioja ni El Correo ni nada que se le parezca. A menos que Logroño se hunda, prefiero no saber nada de lo que ocurre por aquí.
A mi regreso supongo que la Unión Deportiva Logroñés tendrá ya equipo y estará a punto de empezar a entrenar, así que ya me pondré al día. La Sociedad Deportiva Logroñés ya va fichando jugadores y los que faltan, más o menos, ya me los sé, así que con ellos no hay problema.
Y si a Florentino le da por volver a sacar la chequera, no pasa nada, porque esas cosas sí se publican en La Gazzetta dello Sport, que, junto a La Repubblica, es el único periódico que intentaré leer en Italia.
Así que disfrutad de mi ausencia mientras podáis y recordad que el próximo 7 de julio se presenta en Granada '12 historias por contar', el primer libro del que soy coautor. Os traeré más datos a mi regreso. Feliz primera quincena de julio, gente.

Mi primero de julio

Lo prometido es deuda y aquí dije que hablaría un poco de lo que significa el uno de julio para mí. Porque el de hoy es el primero en cinco años en el que no estoy trabajando. El uno de julio de 2004 cambió mi vida. Llegué con más kilos y menos edad que ahora a la redacción del Diario La Rioja. Allí me recibió un Toño del Río dispuesto a asustarme, darme caña y enseñarme unas cuantas cosas. Eran otros tiempos. En la sección de Deportes estaba Eloy Madorrán, hoy jefe de prensa del Ayuntamiento de Logroño, y todavía recuerdo cuando me mandaba imprimir mi página y sentarme con él a repasarla.

Fue el primer verano que pasé en aquel lugar y mi primer contacto directo con el periodismo. Empecé con lo típico del becario: tenis infantil, tenis en silla de ruedas, voley playa, etc. Aunque, a decir verdad, a los pocos días se pusieron un poco más serios conmigo y me empezaron a mandar subir a la Colonia de Albelda, en plena pretemporada del Recreación. Allí conocí a Rubén Galilea, gran entrenador (lamentablemente, ya retirado) y mejor persona. Era una gozada trabajar con él, porque te hacía las cosas mucho más fáciles.

Siempre cuento cuando Toño y Chema me dijeron: "Tienes una página para ti, vete al entrenamiento del Recre y trae algo para llenarla". La hostia. Menudo susto me llevé y todavía hoy me pregunto cómo cojones fui capaz de hacerlo. La página, que estará por ahí guardada, incluía declaraciones de Pitu, probablemente el futbolista que menos habla del mundo.
Luego, dejé de llevar el Recre porque Eloy volvió de sus vacaciones. ¿Y qué ocurrió entonces? Que el Logroñés descendió a Tercera por impagos. Soporté a Fran Canal llorando en la sala de prensa y para entonces ya había empezado a hablar con Fernando Marín, con el que sigo manteniendo relación cinco años después, aunque últimamente discutamos mucho amistosamente.

Con el descenso del Logroñés, empecé a recorrerme los parques de Logroño buscando sus entrenamientos. Había llegado Janos Beke y había regresado Juan Hortelano. Eran tiempos surrealistas y yo apenas estaba en mi debut. El verano se fue fundiendo, apareció septiembre por sorpresa y, al poco, octubre. Y aquello se terminó, para mi desgracia. Me quedó el consuelo de seguir los fines de semana colaborando por allí. Aún me acuerdo cuando me comunicaron que contaban conmigo para echar una mano sábados y domingos. Salí de allí feliz y ya empecé a creerme un poco que quizá algún día podría vivir de ese trabajo.

Los siguientes primeros de julio siguieron teniendo algo especial. Porque todos y cada uno de ellos suponían mi reencuentro con la redacción de manera diaria, abordar temas un poco más a largo plazo, vivir para esas prácticas. En los tres que vinieron después ya no estarían ni Toño ni Eloy, sino Pío y Pablo. La sección había cambiado incluso de ubicación dentro de la redacción, pero mi trabajo seguía siendo igual o más de ilusionante, porque cada año se me añadió un poquito más de responsabilidad.

Hubo un primero de julio en el que empecé a trabajar casi sin dormir, porque la madrugada anterior había llegado de Alicante, donde había estado unos días de vacaciones. Los poquitos que podía permitirme cada año. Fueron pasando los años, hasta que me hice mayor y lo de las prácticas tenía pinta de que iba a acabar. El año pasado pensé que sería mi último verano de becario, pero no fue así. El último ya lo había vivido, porque el uno de julio de 2008 entré a trabajar a El Correo. Una nueva aventura para la que estaba preparado y esperanzado. Era un trabajo, nada de prácticas, así que mis responsabilidades aumentaban de manera considerable.

Pasé todo el verano trabajando. No quise cogerme vacaciones, porque tenía el cuerpo acostumbrado a los cuatro veranos anteriores. Y una de las cosas que me facilitaron la llegada fue el hecho de que ya conocía a casi todos mis nuevos compañeros. Por ejemplo, con Juan Carlos Berdonces había coincidido recorriendo parques de Logroño detrás del Logroñés cuatro años atrás. Con Sergio Cuesta y Zoco el contacto me había llegado, sobre todo, a través de los encuentros en los partidos de fútbol de Tercera durante las diferentes temporadas.

El pasado uno de julio me marché a Recajo, al aeropuerto, porque venía un tipo que hacía acrobacias aéreas. La gente de Würth nos invitó a comer, muy bien por cierto. Luego, a los poquitos días, ya estábamos hablando por primera vez de Félix Revuelta y sus intenciones de comprar el Logroñés. A partir de ahí, vino un intenso verano y, tras él, el año entero de trabajo.

Y hoy, uno de julio de 2009, es mi primer día sin contrato con El Correo. Y el primer uno de julio en cinco años en el que no trabajo. No sé si me siento raro. Un poco, sí. Apenas he querido leer los periódicos y poco me apetece saber hoy cómo está el fútbol logroñés. Me apetece desconectar, no echar de menos y desengancharme. Prefiero centrarme en ultimar los detalles del viaje a Italia, porque todo lo malo trae algo bueno y éste es mi primer verano con vacaciones en cinco años. Quizá demasiado largas, porque de momento no tienen fin, es cierto. Pero no puedo evitar añorar los cinco primeros de julio anteriores. Y esa sensación de que por delante tenía varios meses para disfrutar de lo que más me gusta hacer. Hoy, me cambiaría por cualquier becario que comienza su particular aventura.

SSC Napoli

Desde el viernes estaré por segunda vez en mi vida en Italia y, como buen futbolero, intentaré traerme algún recuerdo en forma de camiseta. Son varios los equipos que me caen bien, pero por encima de todos está el Nápoles, cuyo nombre oficial es la SSC Napoli. Primero, porque la gente del sur italiano me cae fenomenal, segundo porque todos hemos soñado alguna vez con pertenecer a la Camorra y tercero porque allí jugó Dios en forma de futbolista. Maradona hizo grande al Nápoles, que años después de su marcha se vio envuelto en una espiral de problemas económicos.
Hasta que alguien dijo basta. Fue el productor cinematográfico, Aurelio de Laurentis. El Nápoles, en quiebra, había perdido su nombre y todos sus trofeos. Su historia en fin. De Laurentis lo refundó como Napoli Soccer, partiendo de la serie C1, la Segunda B italiana. El productor apostó por ceder el protagonismo a los encargados de la parcela deportiva, mientras él se dedicó a los números, a cuadrar las cuentas y preparar el regreso de un histórico. Y en 2006 pudo volver a comprar el nombre y la marca de la Società Sportiva Calcio Napoli, así como sus trofeos. Recuperó su historia, en definitiva. Hasta que en 2007, sólo tres años después de la refundación llevada a cabo por De Laurentis, el equipo regresó a la Serie A.
Ahora, el Nápoles compite dignamente en la mayor categoría del fútbol italiano. El argentino Lavezzi hace las delicias del estadio San Paolo y el esolovaco Marek Hamsik se está destacando como uno de los centrocampistas europeos de mayor proyección. El productor italiano ha recuperado la dignidad e historia de un clásico, sin el que es imposible contar los últimos veinte años del Calcio.

Me mojo

Ya no trabajo en ningún medio de comunicación y mi opinión no puede ser confundida, así que, como también hace calor, voy a lanzarme a la piscina. A mojarme. Voy a expresar mi opinión (como si sirviera para algo o pudiera interesarle a alguien (?)) sobre el fútbol riojano. Porque creo que manejo los datos suficientes y ya puedo hacerme una composición de lugar. Lo que voy a comentar aquí es algo que ya he defendido en mis círculos más íntimos. Así que quien haya hablado conmigo de este tema últimamente, no se verá sorprendido. Quizá sí otros con quienes mi trato ha sido más profesional o distante.

Ya sabemos que tenemos dos equipos, con dos filosofías distintas (aunque, en el fondo, una misma meta) y en dos categorías distintas. Por un lado, la Unión Deportiva Logroñés, en Segunda B, con un presupuesto medio tirando a alto, una estructura profesionalizada y el mecenazgo de Félix Revuelta, propietario de la firma Naturhouse.

Por otro, la Sociedad Deportiva Logroñés, en Regional Preferente, con una junta directiva formada por sus impulsores y varios patrocinadores, que no propietarios, del club. El principio fundamental es 'un socio, un voto'. Y casi se autoproclama heredero oficial de la afición del Logroñés. No en vano, en su sede reza el lema "una afición... un equipo".

Evidentemente, ha sido imposible la unión, porque no se llegó a un acuerdo para ella. Y creo que hubiera sido lo deseable para todos. La SD Logroñés no convocó una asamblea extraordinaria para consultar a sus todavía presocios. Y a mi parecer es un error, dado que en una cuestión fundamental para el futuro de la entidad, se ha roto el principio fundacional de 'un socio, un voto'.

Hay quien dice que para algo está la junta directiva, en quien se han delegado las responsabilidades. Esa misma junta, señala que tiene un mandato de la asamblea para no perder su independencia. Pero la unión o no es un tema lo suficientemente trascendental, bajo mi punto de vista, para haberlo consultado. Que esos 727 presocios hubieran podido expresar su opinión y hacer sus propuestas.

Es conocida mi cierta desconfianza inicial en Félix Revuelta. El tiempo y la calma me hicieron recapacitar, observar la situación con mayor mesura. Para mí, visto ahora con perspectiva, tiene un gran mérito que alguien decida arriesgarse en una aventura así, de la que muy difícilmente sacará beneficio económico. Es algo sorprendente en una tierra que ha visto pasar a innumerables mandatarios en el fútbol cuyo único objetivo era rascar unos duros de un club, el Logroñés, al que han arrastrado hasta matarlo.

Ojo, totalmente honorable es la actitud de la SD Logroñés, que tampoco busca beneficio económico y cuyos responsables, me consta, llevan muchos meses invirtiendo tiempo. Para mí, cualquiera que busque hacer algo por el fútbol sin esperar hacerse rico a cambio, tiene todo el respeto y admiración.

Ahora bien, hay algo que me llama poderosamente la atención en el proyecto de Regional Preferente. En el de Segunda B, sabemos que es Revuelta quien paga y manda. No hay dudas. Él es el impulsor, el benefactor y, por tanto, quien decide. En el club nacido de la plataforma 'Puerta Cero', se supone que manda su junta directiva. Pero, ¿podrá ser siempre así? ¿De verdad?

En ocasiones, a los medios de comunicación se les acusa de cierto servilismo a sus principales patrocinadores. Es decir, si el Corte Inglés llena tus páginas con sus anuncios, ¿cómo vas a criticarle? Es evidente que existe cierta dependencia frente a las fuentes de financiación. Asumiendo esa situación como inevitable en la mayoría de cuestiones de la economía, ¿es la SD Logroñés una excepción? ¿Qué ocurrirá si un día entran en conflicto los deseos de los socios con los de su fuente de financiación? Si Paternina un día decide que es mejor unirse al proyecto de Félix Revuelta, ¿podrán hacer algo los socios y la directiva por evitarlo? Supongo que sí, porque en teoría la lista de patrocinadores es amplia. Pero todos sabemos, y es un secreto a voces, que hay alguien por encima del resto. El patrocinador principal.

Por tanto, no pongo en duda la honradez de los responsables de la SD Logroñés, ni sus buenas intenciones (pese a algún pequeño error que no mencionaré), ni sus ganas de volver a vivir el fútbol. Sólo quieren luchar ellos mismos por su propio futuro y eso ya es de aplaudir. A mí, de inicio, me parecía la idea más atractiva. Sin embargo, no todo va a ser tan bonito ni tan fácil. Eso sí, siempre tendrán mi total respeto e incluso apoyo para que sigan adelante, porque daño, de momento, no hacen a nadie. Y han sido valientes a la hora de dar el paso adelante.

Pero también tiene mi total apoyo el proyecto de Félix Revuelta. Porque sus medios son otros, absolutamente respetables también, y el fin es el mismo. No es otro que volver a hacernos creer a todos en el fútbol en Logroño. Lo hace en Segunda B, una categoría muy apetecible esta temporada para los que nos gusta el fútbol, con el aliciente de la Copa del Rey. Revuelta arriesga mucho en esta aventura y quien crea que no, está equivocado.

Así que, en resumen, ambos proyectos me tienen detrás, por diferentes motivos. Y si he señalado más defectos de la Sociedad Deportiva Logroñés es porque creo que, hasta ahora, hay aspectos que se han pasado por alto. Parece que no, pero en este caso es más fácil acusar al poderoso, por su mayor exposición, que al débil, con quien es más sencillo darse a la compasión. La Unión Deportiva Logroñés tiene defectos, sí (y ya fueron señalados aquí), pero también el club de Preferente. Lo bonito de verdad hubiera sido sumar las virtudes. Eso no ha sido posible, al menos de momento.

Y lo que sí tengo claro es que, pase lo que pase, me temo que muchos este año vamos a volver a disfrutar del fútbol, puramente dicho. En Preferente o en Segunda B. Pero fútbol. Sólo eso. Ya era hora.

P.D.: El autor de este blog no contesta a ningún comentario sobre sus textos que no esté alojado en este propio espacio. Los apuntes realizados en otros foros no encontrarán aquí respuesta. El autor ha tomado esta decisión para incentivar la participación en el propio blog, que tiene la opción de comentar cada una de las entradas. En cualquier caso, agradece la difusión que de estas ideas se ha dado en otros lugares, pese a la escasa utilidad o aportación que pueda suponer lo que J.L. García Íñiguez piense.

Hasta siempre, compañeros

Hoy ha sido mi cena de despedida de El Correo. Quiero agradecérsela a todos. Los compañeros que han estado y los que no. A los que han estado, por cómo se han comportado y sus detalles. A los que han fallado, unos por causas justificadas y otros sin ellas, por todo lo que me han aportado en este año en la empresa. Porque incluso de lo malo se aprende. Casi más que de lo bueno.
Me da pena. Mucha. Creo que es la vez que dejo un sitio y más tristeza me provoca. Por todo. Por la gente, por las ilusiones que deposité hace un año, por las ganas que he puesto, por todo (que es mucho) lo que he aprendido. Hace un año era menos periodista, menos completo, menos maduro.
Ha sido un año bonito. Difícil, pero bonito. He trabajado en lo que me apasiona, he compartido trabajo con compañeros que se han ganado mi amistad eterna y he disfrutado.
Me voy. Mejor dicho, me echan. Y mi despedida es con una noticia. Quería que fuese así y me ha salido bien. Hoy anunciamos que el UD Logroñés negocia con Oli para que sea su entrenador (pinchar aquí para leer). Es posible que nunca llegue a buen puerto, pero es algo que existe y me siento orgulloso de poder decir adiós con las botas puestas. Porque, sinceramente, no me he relajado ni el último día.
Pasado mañana, como decía ayer, nadie me recordará. Seré parte del pasado de un periódico, me ahogaré en las hemerotecas. No he sido importante. Nunca lo he sido. Para mí, la trascendencia no estaba en mí, sino en lo que hacía. Era mi alimento, mi forma de vivir. Por eso me despido bien, tranquilo, consciente de que si no hice algo más fue por incapacidad, jamás por ganas. Puse todo de mí y quien me conoce de cerca lo sabe. Y no tiene ningún mérito, porque soy así y así entiendo este trabajo.
Ahora, veré los toros desde la barrera. Volveré a los campos de fútbol como un aficionado más, que también tengo ganas. Empiezo, en fin, una nueva forma de vida y de entenderme a mí mismo. Sé que habrá fases en las que no será sencillo. Pero empiezo a estar acostumbrado a darme de hostias conmigo mismo. Me duele por mis compañeros, porque dejan de serlo. Me llevo amigos, creo. Para mí, ellos y ellas lo son. No saben cuánto lo agradezco.
Así que no soy nadie para dar consejos. Sólo llevo cinco años enganchado a esto y cuatro de ellos, compaginándolo con mis estudios. Soy un pobre periodista joven. Pero si puedo decirles algo a todos los miembros de El Correo La Rioja es que ojalá disfruten de su trabajo a partir de ahora, como mínimo, tanto como lo he hecho yo durante el último año.
Gracias y hasta siempre.

Otro Dios menos

Michael Jackson era fácil de parodiar, pero muy difícil de copiar. Se podían hacer mil chistes, tratar de exagerar sus movimientos o esos grititos que le hicieron tan famoso. Pero su mérito residía en que no había nadie como él. Nadie que hubiera inventado esa genial forma de bailar. Y, al mismo tiempo, varios de los mejores temas de la historia de la música pop le pertenecen. Lo tenía todo, era el rey, el ídolo. Y, quizá por eso, se fue consumiendo.
Jacko tenía un problema que, al mismo tiempo, era virtud. Le sobrepasaba su propia personalidad. Capaz de lo mejor y de lo peor. Es la misma que le llevó a reinventar la música y convertirle en un icono. Y también es la misma que se llevó por delante a sí mismo. Mientras construía un imperio sobre las masas, Michael Jackson se autodestruía. Dejó de pertenecerse. Y se convirtió en ese mal chiste que fue durante las últimas décadas de su vida.
Soy un mitómano. Y reconozco que la personalidad de la mayoría de artistas que admiro o bien me importa un carajo o bien es el aliño perfecto para que crea en ellos. Supongo que ahora mismo no tenemos muy en cuenta de quién se ha ido, no somos conscientes de la importancia del despedido. Ocurre siempre.
Pero intenemos calcar el 'moonwalk'. A mí me ha resultado imposible a lo largo de mi vida. Y, aunque lograra imitarlo, nunca lo consiguiría hacer como él. Porque Michael Jackson sólo había uno. Y se ha ido. Lo que confirma que todos los dioses del siglo XX están muertos. Y nosotros, cada día más huérfanos en un mundo incapaz de crear otros que estén al nivel.

Una cuestión de ética

Vaya terremoto. Mis últimos días de trabajo para El Correo están siendo de locos, un torbellino. Horas de teléfono para rascar algo. La verdad es que si entre llamada y llamada me parara a pensar que esto se acaba ya, apagaría el teléfono. No lo hago. Procuraré morir así en este trabajo, porque como he comentado en alguna ocasión creo que no sé hacerlo de otra manera. No sé medirme a la hora de hacer lo mío. Y eso es malo, porque hoy tengo cierto estado de ansiedad.
En cinco años de profesión no me había enfrentado a una cuestión tan puramente de ética como la que me ha ocupado esta tarde. Tenía entre manos una cuestión un tanto peliaguda, que podía afectar a un buen número de gente, incluso, por qué no, tocar la línea de flotación de alguna historia. Abrir casi una guerra. Podía hacerlo o no hacerlo. Pero no me gusta joder gratuitamente. Y había otras implicaciones de por medio.
Me gusta ser respetuoso y, si voy a dar una hostia, preguntar antes, dejar que me intenten convencer de no hacerlo. Actúo así con la gente que se ha portado así conmigo. Tenía una noticia, pero podía perder la confianza de varias personas. Me enfrentaba a mi propia ética, mi propia personalidad. Me enfrentaba a mí mismo y mi forma de ser. Y a veces, lo digo en serio, me gustaría ser más hijo de puta, menos sentimental. Por lo menos eso me evitaría conflictos conmigo mismo.
He actuado de la manera que creo que debía hacerlo. He evaluado los pros y contras. Y han ganado los contras. Sé que es una historia que puede salir. Quizá no, porque para cuando alguien decida sacarla del cajón, seguramente, será tarde. A estas horas, me temo que no existe la noticia. Y que, al abortarla, le he hecho un favor a dos personas. Una de ellas ya me lo ha agradecido. La otra, seguramente, nunca lo hará ni sabrá que consiguió algo gracias a mí.
No pretendo colgarme medallitas. No es eso. Quiero explicar que el uno de julio hará cinco años que pisé por primera vez una redacción y, desde entonces, nunca me había enfrentado a una disyuntiva así. A mí, pasado mañana, nadie me recordará. Mi nombre y mi trabajo se perderán entre las páginas de un par de hemerotecas y poco más. Pasaré una larga temporada en el paro, buscando formas y modos de pasar el tiempo y realizarme. Pero seguro que nunca olvidaré el momento en el que me enfrenté a una cuestión de ética.